La
última alma humana, así es como se sentía Juan al despertar cada
mañana. Al salir a la calle, Juan se encontraba con autómatas en
todas partes; autómatas impenetrables que repetían una y otra vez
los mismos eslóganes y estereotipos. Ya no quedaba alma tras todas
aquellas palabras. Aquellos sonidos reproducían el múltiple
murmullo de un mismo cántico. Un cántico que les ponía a todos a salvo del
infierno terrenal del miedo y de la inseguridad. Juan se abrazaba a su
alma como si esta se le fuera a escapar. Creía equivocadamente que
la suya era la última alma humana.
"Mucho de lo que he escrito se ordena bajo el signo de la excentricidad, puesto que entre vivir y escribir nunca admití una clara diferencia; si viviendo alcanzo a disimular una participación parcial en mi circunstancia, en cambio no puedo negarla en lo que escribo puesto que precisamente escribo por no estar o por estar a medias. Escribo por falencia, por descolocación; y como escribo desde un intersticio, estoy siempre invitando a que otros busquen los suyos y miren por ellos el jardín donde los árboles tienen frutos que son, por supuesto, piedras preciosas"
"Del sentimiento de no estar del todo"
Julio Cortazar
sábado, 7 de enero de 2012
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